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..................................... Ana es una joven profesional
de 29 años, quien con mucho esfuerzo costeó su maestría y doctorado; sin
embargo, cuenta que se siente un poco decepcionada por la falta de
oportunidades gerenciales para las mujeres en Panamá y como muchas se tiene
que conformar con una posición sencilla. ¿Le ocurre a usted lo
mismo? Me atrevo a asegurar que la mayoría de la población femenina
profesional está enmarcada en este mismo ejemplo y en algún momento hemos
visto que se les concede los mejores puestos con salarios más altos a los
hombres a pesar de tener la misma o mayor preparación. Ahora nos preguntamos
¿Por qué?...¿Sólo por ser mujer?...¿O así es nuestra sociedad? La respuesta es más
complicada que las interrogantes; para ello consultamos a la Lic. Elia de
Tulipano del Ministerio de la Mujer, La Juventud, la Familia y la Niñez. Ella
nos explica que la sociedad, especialmente la latinoamericana evoluciona en
un patrón cultural, donde los niveles de responsabilidades designados a
hombres y mujeres son diferentes. Esto se debe a las siguientes
características: 1.
La
concepción patriarcal de que el hombre es el proveedor del hogar, y por ello
merece ocupar las mejores posiciones de poder y jerarquía. 2.
El
ejercicio de la mayoría de las labores públicas ha sido tradicionalmente
asignada a los hombres. 3.
Los
hombres por las dos anteriores causas, han desarrollado un ejercicio del
poder y de toma de decisiones en las que las mujeres no hemos participado en
iguales garantías y condiciones. 4.
Las
mujeres hacemos más acciones de invisibilidad como las domésticas que en la
mayoría de los casos no permiten que demostremos nuestras otras capacidades
para trabajar en el desarrollo de nuestro país. En Panamá, persiste hoy
en día una acentuada división sexual del trabajo, siendo la parte más
desventajosa para la mujer que se concentra en ocupaciones de menor prestigio
y remuneración económica. De acuerdo al Informe Nacional "Clara
González" 200-2001, las mujeres recibimos un salario más bajo por el
mismo trabajo que los varones, incluso cuando ostentamos un mayor nivel
educativo. Esta situación es
realmente preocupante, ya que si recordamos las causas inicialmente
mencionadas en la que se coloca al hombre como proveedor del hogar,
actualmente este papel no es estrictamente igual, nuestra sociedad tiene un
gran porcentaje de mujeres que llevan la batuta en el seno familiar, con las
mismas responsabilidades de un hombre pero con las desventaja de recibir
menos dinero. Revisando el informe
Clara González, descubrimos que una mujer con sólo nivel primario recibe un
salario de aproximadamente B/. 120.60 por mes y un hombre recibe B/. 170.50.
Si damos un vistazo a la población profesional, la situación es aún más
alarmante ya que las mujeres recibimos el 65.1% del ingreso masculino. No obstante, a pesar de
estas circunstancias socialmente injustas para las mujeres, poco a poco
estamos rompiendo esquemas y cada día incursionamos más en el sector laboral
y el número de graduadas en la universidad es sorprendente. La mujer está
comprendiendo que para poder tener más oportunidades en una sociedad que nos
limita, debemos estar preparadas. Un ejemplo de este lento
pero significativo progreso de la inserción de la mujer en el sector laboral
es el hecho de ser el segundo país centroamericano que tiene una mujer como
presidenta. Además la participación del sexo femenino en posiciones
gubernamentales no es menor del 30%. Elia de Tulipano señala que estamos
rompiendo las barreras, sin embargo ésta debe ser una responsabilidad
compartida y en mutuo acuerdo: mujeres y hombres por igual. En nuestras manos está la posibilidad de cambiar los estereotipos sociales que van en detrimento de nuestros derecho; ya que como mujeres tenemos igual capacidad de ejercer posiciones de mando y aspirar a mejores salarios. |
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